EUROPA · ATLÁNTICO · ÁFRICA · AMÉRICANÚMERO 1 — SEPTIEMBRE 2026
LITERATURASATLÁNTICAS
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Relato corto · Número 1

Los mundos pequeñitos

Hay un mundo de historias grandes que se cuentan en pequeñito. Que interpelan al lector con silencios y elipsis. Que exigen atención en un mundo en que ya hemos perdido la capacidad de prestarla. Decía Cortázar en sus clases de literatura en Berkeley que si la novela es una película, el cuento es una fotografía. Bienvenidos a los Mundos Pequeñitos, bienvenidos a la literatura que captura instantes.

ENTREVISTA A ANA MARÍA SHUA

Ojalá los escritores supiéramos de dónde nos nacen las ideas

Ana María Shua con su libro Hija
Fotografía de Soledad Amarilla / Ministerio de Cultura de la Nación Argentina. CC BY-SA 2.0. Imagen redimensionada y convertida a WebP.

Su primer libro de microrrelatos se titulaba La sueñera, toda una declaración de intenciones. Nadie como ella ha soñado otros mundos, plagados de circos, geishas o fantasmas. La más grande escribiendo pequeño habló con nosotros desde Buenos Aires desafiando la diferencia horaria. El resultado es un jet lag literario. Bienvenidos a Los mundos pequeñitos. Hoy nos acompaña Ana María Shua

—Cuando alguien inicia su incursión en el mundo del microrrelato, y busca, el primer referente a nivel mundial eres tú. Yo me pregunto si eres capaz de verte como el enfermo que está en coma y cuya alma sobrevuela la cama, ¿eres capaz de verte a ti misma como ese referente mundial para toda la gente que empieza a escribir microrrelato?

Para serte sincera, me sorprende. Ahora ya empiezo a estar acostumbrada, pero por ejemplo, cuando estaba a punto de publicar en España Cazadores de letras le dije a Juan Casamayor, mi editor “No, no podemos titular el libro así porque hay muchos blogs en internet que se llaman Cazadores de letras” No se me había ocurrido que el nombre de todos esos blogs se debía precisamente a mi propio cuento.

—Comenzaste escribiendo novela ¿Cómo caes tú en el microrrelato? ¿Quién te inocula a ti el veneno de lo corto?

Sigo escribiendo novela y sigo escribiendo cuentos. Yo empecé, bueno, primero como lectora, como lectora fascinada por la brevedad. Todos los escritores empezamos así. Como fanáticos lectores. Pero, además, concretamente, cuando yo tenía unos 24 años, cayó en mis manos una colección de la revista El Cuento, que era una revista mexicana que publicaba cuentos de todas partes del mundo y tenía una sección especial de lo que ellos llamaban en ese momento cuento brevísimo. Mis primeros microrrelatos los escribí precisamente para presentarme a ese concurso. Así nacieron los primeros microrrelatos de la sueñera. Nunca gané el concurso, pero me publicaron varios y yo no lo supe hasta 30 años después, porque en ese momento llegó la dictadura militar a Argentina y las revistas extranjeras no entraron más durante siete años. Recién 30 años después en México me contaron y me dieron los ejemplares de la revista donde estaban mis textos.

—Lo que más fascina de tu obra es tu capacidad para crear mundos eh fantásticos. Me encantaría hacerte una pregunta así para que respondas lo primero que te venga a la cabeza. A ver, Circos o geishas. ¿Qué eliges?

Qué problema, ¿no? tener que elegir, elegir es siempre desprenderse de algo. Creo que me quedo con el circo.

—¿De dónde nace idea de esos universos de fantasmas, circos o geishas?

Ojalá nosotros supiéramos de dónde nos nacen las ideas, porque entonces podríamos hacerlas nacer cuando se nos dé la gana. Y la verdad es que no es así, no es así.

—Me parece complejísima la creación de esos universos con tanta naturalidad, y especialmente el manejo que haces del surrealismo

La tradición en España siempre se ha inclinado más al cuento y la novela realista, mientras que la tradición latinoamericana bebe de lo fantástico. Quizá Perú es una excepción en ese sentido, pero en todo el resto de los países de América Latina, los escritores trabajamos con toda normalidad con lo surreal. Lo que para Europa es literatura fantástica para nosotros es literatura secas.

—Dices que no te gusta hacerlo, pero te voy a hacer elegir de nuevo ¿Borges o Cortázar?

Borges.

—Crear una lógica y una arquitectura partiendo de lo fantástico es demasiado complejo desde una perspectiva de otro tipo de microrrelato más apegado a la realidad y a la cotidianeidad

Es una suerte para el microrrelato que existan autores que escriban de la realidad cotidiana, el microrrelato hispanoamericano está un poco encerrado dentro de los límites de los estereotipos de la literatura fantástica Y salir de eso, digamos, romper esa barrera y entrar en el realismo, es algo muy original

—Cortázar, en sus clases de literatura en Berkeley, decía que la diferencia entre la novela y el cuento es la misma que hay entre una película y una fotografía. Me parece acertado en la medida en que los microrrelatistas estamos siempre capturando instantes y haciendo del instante historia.

Yo no creo en absoluto que el microrrelato se pueda comparar con una foto. Porque un microrrelato también tiene movimiento. Sería un cortometraje, no es estático

—¿Has sentido alguna vez que te caía un microrrelato encima con algo que has visto a tu alrededor?

Sí y no, tampoco tiene por qué ser un instante. En una sola frase uno puede contar toda la historia del mundo, toda la historia del universo, ¿no? Uno puede contar una historia que diga, por ejemplo, el universo ha sido a ese proyecto maravilloso, fracasado y destruido. Y así como con ocho palabras ya está. No es un instante, es toda la historia del universo.

—Un microrrelato es una historia completa

Cuando publiqué La sueñera, recuerdo que hubo una crítica negativa que decía que ese libro probaba el fracaso de la literatura fragmentaria. Y a mí me indignó porque un microrrelato no es un fragmento de nada, es una historia completa totalmente entera, completa, empieza y termina y no le falta nada, no es un fragmento de nada.

—¿Cómo estás más cómoda en el microrrelato o en el relato?

Estoy cómoda en todo lo que sea narrativa, nada de lo que es narrativa me es ajeno.

—Tu última obra publicada en España por Páginas de Espuma es un libro de cuentos.

El cuerpo roto, es un libro de relatos que habla de todo lo que rodea el drama de la enfermedad. Están organizados de alguna manera en primero los pacientes, después los médicos y después los cuidadore. La enfermedad es un tema que siempre me ha fascinado. Como escritora (mi primera novelase llama Soy paciente) y como lectora, Oliver Sacks, por ejemplo, el famoso neurólogo y grandísimo escritor, es uno de mis autores preferidos,

—Como lectora, cada vez me interesan más las voces maduras, que hablen desde la experiencia,

Creo fervientemente en la palabra, en la importancia de la palabra. La palabra deja legado, deja impronta, deja huella. A la frase de que una imagen vale por mil palabras se podría dar vuelta perfectamente a veces una palabra vale por mil imágenes.

—Y en ellas caben Todos los universos posibles.

Todos los universos posibles, claro, es un libro que se publicó en Argentina, donde incluyo todos mis libros de microrrelato hasta fenómenos del Circo. Algunos críticos dijeron: «Pero qué agrandada. ¿Qué se cree que es capaz de escribir acerca de todos los universos posibles o inventar todos los universos posibles?». Lo que yo quiero decir es que el alfabeto tiene un número limitado de caracteres en el que caben todos los universos posibles

—En una historia corta hay que encontrar el equilibrio entre lo que se cuenta y lo que no se cuenta.

Bueno, eso creo que con la novela no es distinto, me parece que esa es una característica de la literatura en términos generales. Uno siempre le está escondiendo información al lector para que el lector pueda darse el lujo de descubrirla. Es un juego entre el autor y el lector. Al lector uno le entiende trampas, le prepara pozos, lo hace caminar distraído, que se caiga, después le tira una soga para sacarlo y cuando está saliendo le da un palazo

—La literatura apela a la inteligencia y a la capacidad crítica y de reflexión, pero yo creo que el microrrelato lo hace mucho más. Al igual que en la poesía, se establece esa necesidad de involucrar al lector de forma más intensa, lo que hace que la experiencia de lectura sea mucho más poliédrica

El microrrelato trabaja como las artes marciales. Utiliza los conocimientos del lector. En este caso no para derribarlos, sino para que complete el significado. Y para derribarlo a veces, porque a veces te golpea. El lector sabe mucho más de lo que se imagina. Porque el relato trabaja con todos esos elementos de la cultura que arrastra el lenguaje con las canciones populares, con los refranes, con los cuentos. Con la frase hecha, con las sentencias. jugamos mucho con el lenguaje

—El proceso de globalización provocado en parte por las redes sociales ha hecho que muchísima gente se haya lanzado a escribir microrrelato, simplemente porque parece que una historia corta la escribe cualquiera

Yo creo que el tema de la extensión confunde a la gente. El fenómeno de los blogs hizo perder credibilidad al género. Se ha lanzado a escribir una enorme, enorme cantidad de gente que evidentemente no lee y nunca leyó y que cree que, porque es cortito, entonces es fácil y que le va a salir Y de pronto alguno le sale como al burro flautista. Dime lo que lees y te diré lo que escribes. La gente que lee poco escribe mal. Si toda la gente que escribe microrrelato leyera microrrelato, sería millonaria.

—Tienes un microrrelato favorito, no tuyo en general.

Bueno, tengo uno que me gusta muchísimo, que es porque en términos generales es mucho más difícil hacer micros con humor Y hay un microrrelato maravilloso que sin duda conocerás, que se llama Cuento de Horror, de Arreola, y es el que dice

«La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones».

Me encanta, sí. Nada más que eso. Y ahí lo tiene todo. pequeñitos y nada

Una mujer

En la puerta del burdel, un hombre pregona la mercadería a los viandantes. Les ofrece una mujer muy blanca pero cubierta de lunares y otra dada a pulposas fantasías y otra de ojos como espadas y otra capaz de tocar tres instrumentos al unísono y otra que ruge como el rotor de un helicóptero desbocado y otra extranjera y otra que se olvida de su propio nombre en cada recodo de su sexo. Sin embargo, adentro hay solamente una mujer. Sin embargo, el hombre no miente.

Ana María Shua