Entrevista · Festival La Condená · Número 1
Un escenario contra el silencio
Entrevista a Inés Plana y Anabel Fernández Escribano sobre La Condená, el festival de novela negra de Villarejo-Periesteban.

Festival La Condená · Villarejo-Periesteban (Cuenca)
Entrevista a Inés Plana y Anabel Fernández Escribano
Hay actores que un día deciden dirigir, levantar una compañía, construir el escenario sobre el que quieren ver representado el arte. Algo parecido sucede con aquellos escritores que, después de recorrer ferias, encuentros y festivales presentando sus libros, sienten la necesidad de crear un lugar propio, escoger las voces y llamar al público para que forme un corro alrededor de la palabra. Inés Plana y Anabel Fernández Escribano dieron ese paso con La Condená, un festival de novela negra que celebró su primera edición del 24 al 26 de septiembre en Villarejo-Periesteban, un pequeño pueblo de Cuenca.
La elección encierra una extraña justicia poética. Dos guerras destruyeron los archivos de Villarejo y dejaron al pueblo sin una parte de su memoria. Más de un siglo después, la literatura regresó de sus manos para llenarlo de historias.
Quién sabe.
Puede que quienes viven allí hayan encontrado también una manera distinta de mirarse, de reconocerse en lo que conservan, incluso más allá de los registros, y en aquello que todavía pueden llegar a ser.
—¿Recordáis el instante en que La Condená dejó de ser una ocurrencia y comenzó a convertirse en un festival? Si tuvierais que reconstruir aquel momento, ¿cómo nos lo contaríais?
Todo fue producto de una buena conversación entre dos amigas. Dos mujeres que se conocían desde hacía años, dos escritoras que necesitaban hacer algo grande y diferente. La reconstrucción de aquel mágico momento fue la sencillez de creer en nosotras mismas y retarnos a trabajar juntas en un proyecto inmenso. Un sueño que ya sabíamos que sería de todo menos fácil, pero veníamos de luchar cada una en una guerra distinta, y la vida ya nos había retado para averiguar de qué fuerza estábamos hechas. Y creo que hemos dejado constancia de que rendirse nunca es una opción.
—Empecemos por el nombre. ¿Quién es La condená y qué historia se esconde detrás de ella?
La condená es el nombre de un cerro que separa a Villarejo Periesteban de los términos de Zafra y Poveda. Todos los pueblos de esta zona son pequeños y pertenecen a la España Vaciada. Un territorio de la Mancha Alta de Cuenca. Además, Villarejo Periesteban es un lugar mágico y cuna de leyendas. La condená es solo un nombre que define a un solitario montículo que se divisa desde lejos. El encanto de La condená es la libertad de imaginar libremente quién era aquella mujer que algo grande haría para que tuviera el honor de llevar su nombre un trocito de tierra fértil, ya que los girasoles y las cebadas coronan su grandeza.
—En la organización de un festival hay muchas formas de elegir a los autores. ¿Cuál ha sido vuestro criterio, vuestro secreto? ¿Qué ha pesado más al construir el programa de La Condená: el libro que cada uno presenta, su trayectoria literaria o la certeza de que, más allá de su obra, tiene algo que contar?
No hay secretos a la hora de elegir a los mejores autores, porque eso es lo que hemos tenido en cuenta. Grandes historias contadas por excelentes narradores. Pero también sus trayectorias literarias, sus obras, las diferentes formas de contar algo que marca la diferencia entre millones de libros. La manera de transmitir a los lectores una pasión que solo habita en el interior de la mente y del corazón, para que todas esas ideas y pensamientos se conviertan en una obra literaria.
—A los autores los conocéis. Lleváis años encontrándoos con ellos en presentaciones, ferias y festivales. El verdadero desconocido de esta primera edición es el público. ¿Para quién habéis construido La condená? ¿A quién os haría especial ilusión descubrir sentado entre los asistentes?
Conocemos a los autores de presentaciones, festivales y ferias, pero no ha sido por la cercanía, sino porque, como lectoras que somos y amantes del género negro, sus libros nos apasionan. No a todos los conocíamos las dos, cada una ha aportado unos escritores y la grandeza de La condená es que hemos descubierto a personas maravillosas que tienen algo interesante que contar.
La condená se ha construido para aquellas gentes curiosas que les gusta seguir la pista de un caso, para quienes degustan de un buen libro junto a una copa de vino, para quienes en la soledad se refugian en una novela.
La condená ha sido una barahúnda de clubes de lectura venidos de diferentes lugares de España, amantes del género negro venidos de cientos de kilómetros para asistir al estreno del festival literario La Condená. Gente venida de Teruel, Manresa, Granada, Madrid, Toledo, Ciudad Real, Valencia y Barcelona se han adentrado en esta aventura, en un escenario singular y único, Villarejo Periesteban, localidad de 370 habitantes. Y como los deseos se cumplen, vamos a ser optimistas y vamos a soñar que entre el público se hallara Pierre Lemaitre, Dolores Redondo o Claudia Piñeiro.
—¿Cuánta capacidad de seducción habéis tenido que desplegar para concitar el apoyo de las administraciones públicas a un proyecto cultural cuyos frutos difícilmente caben en los plazos cortos de la política? ¿Qué argumento terminó por convencerlas?
Una muy buena pregunta, y te daremos una respuesta muy concisa. Ha sido un camino largo y muy complejo. Pero si este proyecto se ha llevado a cabo en Villarejo Periesteban ha sido por los muchísimos patrocinadores que de forma desinteresada nos escucharon y apostaron por nosotras y por Adesiman, Grupo de Desarrollo Rural de la Sierra y la Mancha Conquense. Sin ellos y sin el Ayuntamiento del pueblo y su alcalde Marino Huerta Guijarro, que desde el inicio se subió a nuestro sueño, nada hubiera sido posible.
—La verdadera conversación suele ocurrir alrededor de una mesa. ¿Habéis imaginado convertir el escenario de La condená en una gran mesa compartida con el público? ¿Podremos ver a autores y lectores conversando sobre literatura con una copa de vino en la mano?
No lo dudes. Nosotras somos un peligro para metas inalcanzables. Esta primera edición ya ha sido así. Un buen queso regado con un rico vino manchego y un público participativo. Pero La condená no solo se alimenta de la literatura y del sabor de La Mancha. También hemos traído a expertos como el magistrado Gustavo Andrés Martín, titular del juzgado número 1 de Alicante, al guardia civil Francisco Olivares Simón, especialista en Policía Judicial y en Seguridad Ciudadana, y a la comandante de la Guardia Civil María Luisa Calcerrada, Jefa de Delitos contra las personas de la Unidad Técnica de Policía Judicial y jefa de la Sección de Análisis del Comportamiento Delictivo (SACD).
—Si La Condená fuese una caja china, vosotras habríais convertido Villarejo-Periesteban en el escenario de una historia destinada a despertar el interés por la novela negra y, quizá, por la lectura en general. Demos un paso más dentro de esa caja. ¿Qué clase de crimen podría ocurrir en este pueblo para merecer una novela? ¿Quién de las dos se atrevería a escribirla?
No nos tientes, que sabes de lo que somos capaces, jajajajaja. La diferencia entre un pueblo pequeño y una ciudad es que en Villarejo hay mucho campo, buenos escondites y, sobre todo, mucha paz. Creemos que si hemos osado hacer un gran festival en un pequeño pueblo, cualquiera de las dos nos atreveríamos a escribir una novela en Villarejo Periesteban como escenario.
—Imaginemos que durante La Condená aparece un cadáver. ¿A quién entregaríais la investigación, al Julián Tresser de Inés o a los Villarta y Ledesma de Anabel? Una vez abierto el caso, ¿cuál de vosotras tendría más posibilidades de acabar interrogada como sospechosa?
Tresser no se rendiría; está acostumbrado a lidiar con gente indeseable. No sería fácil deshacerse de él. Y Villarta se ha criado en un pueblo, conoce muy bien la zona, dejarlo atrás sería un error.
Yo creo que las dos daríamos el perfil de sospechosas, que Dios ampare a quienes tengan que interrogarnos.
—Las dos conocéis los mecanismos de selección del mundo editorial, los premios, las listas y las decisiones tomadas desde despachos ajenos. ¿Hay en la dirección de un festival una pequeña revancha literaria? Por una vez sois vosotras quienes decidís quién entra, quién habla y quién se queda fuera.
¡Mira, ahora que lo dices, nos has dado una idea! No, en serio, para nada. La condená no ha nacido para tomar revanchas, sino para disfrutar del sabor agridulce de una buena novela negra y en la mejor compañía, los lectores.
—Una primera edición permite casi todo; una segunda empieza a crear obligaciones. Cuando se apaguen las luces y Villarejo recupere su ritmo, ¿qué tendría que haber sucedido para que supierais que La condená debe volver?
Sabemos que La condená debe de volver; el éxito de esta primera edición no ha sido fruto de la casualidad, sino de la unión de dos autoras y de seis meses de arduo trabajo, de un diseño gráfico espectacular, y señalamos como culpable al diseñador y escritor Narcís Fernández. Y a Andrés Guijarro Gómez, por ayudarnos en todo para recaudar fondos, y a Marina Cuevas Huerta, que en silencio ha estado a la altura de una misión casi imposible. Los amigos íntimos y nuestras familias han sido el motor que nos ha impulsado y van a volver a serlo en la próxima edición de La condená. Los afectos han sido muy importantes en la creación de nuestro festival.

La Condená lanzó un grito hacia el cerro más alto y Villarejo respondió. El eco regresó convertido en lectores, conversaciones y relatos compartidos alrededor de la palabra. Inés y Anabel alzaron el telón; el pueblo entró en escena. La segunda edición ya está en marcha y, hasta que llegue, aquel grito continuará recorriendo las calles de Villarejo. Entretanto, baja el telón.
